'Triaje... ¡Socorro!'

"Muchos de nosotros, ante accidentes o dolencias 'no críticas', hemos pasado por los triajes de nuestros hospitales, de nuestras salas de Urgencias. Allí, generalmente, un miembro de Enfermería atendía nuestro caso, comprobaba la gravedad o no de las dolencias y nos remitía  al médico de guardia, o a una cama de observación, o a una de de 'resucitación', o cuidados intensivos, según el caso. Por eso, cuando, tras leve espera, éramos llamados a la unidad de triaje acudíamos a él aliviados, confiados… Ahora, en esta situación de profunda alarma social, de terrible desgaste sanitario, de dramático peligro social, la situación ha cambiado; al menos en lo que se refiere a la pandemia viral que estamos sufriendo.

Con el preocupante diagnóstico (o presunción de él) de la coronaviriasis comienza una clasificación , acción obligada por la patética y materialmente  imprevisible limitación de medios asistenciales. En el caso que la situación sea considerada 'leve' seremos confinados en nuestra casa; pero si no es tan leve ocuparemos una cama 'normal' de un hospital normal, o de uno de los que ha sido necesario habilitar…  o una colchoneta.

La cuestión cambia si nuestra patología se convierte en grave; si tenemos  problemas respiratorios, disnéicos, neumónicos… Porque ellos, en muchos casos, requieren la ”respiración asistida”, la intubación, la sedación (¡la buena, la realizada con el propósito de salvar…!). El problema consiste en que hay una grave desproporción entre los pacientes que requieren  esos medios y los medios existentes, que no pueden ser fácilmente improvisados.  Es el dramático momento en que hay que elegir, en que hay que realizar un 'triaje patético…'.

Como en un naufragio… A un bote de salvamento atestado, en el que solo es posible incluir a un solo náufrago, se aproximan, nadando dificultosamente tres personas: una joven, un niño y un señor 'mayor'. El marinero, apoyado en la borda del bote mira compungido  a los tres, y  eleva a uno de ellos al interior del bote…¿A quien?.

Son tres vidas humanas, en plenitud d sus derechos civiles; en plenitud de su dignidad social, de su valor moral, de su filiación a Dios (para los creyentes). El pobre marinero, en un instante, contempla  la aterrada cara del niño, la suplicante de la joven, la asimismo aterrada y compungida del viejo…. ¿A quien?

Si la motivación fuera económica, habrían pocas dudas: Si la motivación fuera social, prevaleciendo el interés de la sociedad sobre el individuo, también estaría bastante claro… Pero si se valorara al náufrago como individuo social, como ser portador de valores eternos, la cuestión también estaría clara:

El marinero (o el que instala la “respiración asistida”) no puede elegir por motivos de sexo, color, religión, ni edad: Ha de ayudar al primero que se le acerque.

PD: Este dudoso 'triaje' puede recordar al que hacían en los campos de concentración, en  la II Guerra Mundial: “éste a trabajar en las fábricas; éste a la ducha; aquel, directamente a la fábrica de jabón…”.



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